Carta de Marceline Jones a Jim Jones, junio 1970

[Editor’s note: This is a Spanish translation of a letter from Marceline Jones to Jim Jones on the occasion of their upcoming wedding anniversary.]

Traducción por: José Arturo Martínez Quintanilla. Correo electrónico: ja.martinezquintanilla@ugto.mx.

8 de junio, 1970

Jim

A medida que el tiempo se acerca a nuestro 21. aniversario de bodas, parece apropiado hacer un recuentro de nuestras vidas juntos. En un año más, habré pasado la mitad de mi vida contigo. Es la única parte de mi vida que cuenta. En ese tiempo he conocido grandes alegrías y grandes tristezas. Ha sido mi amor por ti lo que ha calmado todas las cosas y ha hecho que lo bueno y lo malo se fundan para componer una armonía hermosa.

En esta época del año recuerdo, especialmente, el nacimiento de Stephan. Siguió tan apropiadamente la muerte de un niño. Experimenté los extremos de la emoción en esa época – Extrema tristeza y extrema felicidad. Lo más importante – tu estabas ahí. En esa época, tuve algunas de las anticipaciones idealistas que son características de los jóvenes. Soy diferente ahora. Ahora – mientras vivo 12 horas a la vez – tomo tiempo y soy capaz de disfrutar las pequeñas cosas. A pesar de no esperar nada del futuro, soy capaz de disfrutar el presente más y, creo, pongo las cosas en esta adecuada perspectiva. Si no tengo futuro contigo, estoy agradecida por hoy. Pero más acerca de las cosas que recuerdo. Recuerdo nuestros días juntos antes de casarnos. Las horas que te sentabas en mi cama cuando tuve mononucleosis infecciosa. Recuerdo nuestra noche de bodas y los días siguientes con Humphrey Houdini. Nuestros almuerzos y las galletas de maní con maple en el centro. Recuerdo las películas extranjeras que vimos en Bloomington, las horas que pasamos en el campo de golf estudiando con Shirle y como ella nos advertía de no acercarnos a ninguna serpiente. Y estuvieron nuestras visitas a la Iglesia donde valientemente les hablaste de la hipocresía. Años han pasado y yo recuerdo las cientos de cosas que ocurrieron en nuestro esfuerzo para ayudar a hacer este mundo mejor. Nos divertíamos mucho. En el inicio, en tu afán por hacerlo, avanzaste con fuerza. Yo entiendo. Recuerdo claramente cuando comenzaste a relajarte y vivir y ser tierno conmigo. Mi amor por ti se intensificó. Tuvimos viajes a Chicago. En ese entonces pareció que incluso disfrutaste el viaje. Recuerdo comer en cierta cafetería y como disfrutamos viendo y discutiendo con las personas. Como soñamos y planeamos. Muchos de los sueños se han hecho realidad. Nuestros hermosos niños fueron concebidos en esos sueños. Nunca olvidaré el día que aterrizamos en la Ciudad de México y nuestra experiencia ahí, quedándonos en el Hotel Metropol. Ahí perdimos a Stephan y fue ahí que bebé Jim fue todo un éxito. Luego estuvo el día que aterrizamos en Sao Paolo, Brasil. Que desalentada me sentí. Recuerda, mientras nos íbamos del aeropuerto, nos miramos el uno al otro y simultáneamente comenzamos a cantar la canción que escuchamos en nuestra boda “I’ll be loving you always.”

Hubo un hito en nuestra relación que nunca he compartido contigo. Sucedió en Rio de Janeiro – la tarde que salí para encontrarme contigo y me perdí. Iba horas tarde. Cuando llegué, estabas visiblemente nervioso. Tu creerías que hasta ese momento nunca se me había ocurrido que perderme te preocuparía tanto. Siempre habías sido tan fuerte, autosuficiente y rodeado de personas dispuestas y capaces de satisfacer tus necesidades que en verdad nunca había pensado que yo fuera importante. De hecho, tu tendencia a jalar o casi forzar a otros a tu vida me indicó que de alguna manera te había decepcionado y no satisfacía tus necesidades. Este incidente en Brasil me dio un indicio que quizás era poquito especial. Sin embargo, después lo racionalicé y decidí que en ese momento estabas nervioso porque resultaba ser la única ahí. Ahora sé que si te importó.

Podía recordar y recordar. No hay fin. En toda mi remembranza, debo dar gracias por lo que he aprendido el último año. A veces no sé que es lo mejor para ti. Pero – yo sé que te importa. Independientemente de quien más te pudiera importar, te agradezco por incluirme. Lo siento por las veces que te he hecho sentir no amado. En mi frustración mientras intentaba estar a la altura pero nunca lográndolo del todo, yo pensé, respondía con modos nada amables. Estoy agradecida por la oportunidad de demostrar mi amor por ti. Gracias por tu amabilidad y comprensión. Yo no sé acerca del mañana pero hoy doy las gracias por cada momento que comparto contigo.

Marcie